Láser para la depilación
Patricia Ormiga y Felipe Aguinaga Patricia Ormiga, Río de Janeiro, RJ, Brasil Felipe Aguinaga, Instituto de Dermatología Profesor Rubem David Azulay — Santa Casa de Misericordia de Río de Janeiro, Río de Janeiro, RJ, Brasil
Resumen
Los láseres para la eliminación del vello no deseado, que emplean la destrucción selectiva del folículo piloso sin dañar los tejidos adyacentes, son un procedimiento habitual en la práctica del dermatólogo. El láser de diodo, el láser de granate de itrio y aluminio dopado con neodimio (Nd:YAG), el láser de rubí, el láser de alejandrita y la luz pulsada intensa son algunas de las tecnologías disponibles en la actualidad para la depilación a largo plazo. La selección adecuada de la longitud de onda, la duración del pulso y la fluencia es crucial para el éxito y la seguridad del procedimiento. El tratamiento realizado con láser y otras fuentes de luz suele producir una pérdida temporal completa del vello, seguida de una depilación permanente parcial. Se deben evaluar cuidadosamente el fototipo del paciente y el color del vello, así como la presencia de bronceado, ya que la melanina epidérmica aumenta los riesgos y reduce la eficacia del procedimiento. El paciente ideal para la depilación con láser o LPI es aquel de fototipo de piel claro y vello oscuro. En la actualidad no existe consenso sobre el número de sesiones de tratamiento ni el intervalo entre ellas. Su determinación debe tener en cuenta las características individuales del crecimiento del vello, la zona corporal y el tipo de fuente de luz utilizada. Las complicaciones más frecuentes son la hiperpigmentación o la hipopigmentación, que son temporales en la mayoría de los casos, aunque existen informes de alteraciones permanentes. En general, el tratamiento láser para la depilación se considera seguro y eficaz.
Palabras clave EpilaciónLuz pulsada intensaLáserFototermólisisDepilación
Introducción
El deseo de eliminar de forma permanente el vello no deseado es cada vez más frecuente. Los dispositivos que emplean tecnologías láser y otras fuentes de luz, como la luz pulsada intensa (LPI), se utilizan ampliamente para este fin.
El término «depilación» abarca dos conceptos distintos: «pérdida temporal del vello» y «reducción permanente del vello». «Pérdida temporal del vello» define un retraso en el crecimiento del vello que puede durar hasta tres meses, asociado a la inducción de la fase telógena. «Reducción permanente del vello» se refiere a una disminución significativa del número de vellos terminales tras la administración del tratamiento, que se mantiene estable durante un periodo más prolongado que el ciclo completo de los folículos pilosos, definido actualmente como de 4 a 12 meses (Dierickx y Grossman 2006; Klein et al. 2013).
El tratamiento realizado con láser y otras fuentes de luz suele producir una pérdida temporal completa del vello (de hasta tres meses), seguida de una depilación permanente parcial. Por tanto, el resultado esperado es una reducción absoluta del número de vellos, mientras que el vello restante se vuelve más fino, más claro y crece más lentamente.
La eficacia para lograr la depilación a largo plazo, así como un excelente perfil de seguridad, ha sido demostrada en la literatura médica para todos los sistemas de tratamiento disponibles para uso médico (Gan y Graber 2013).
Historia
Los primeros informes sobre tratamientos cutáneos con láser se realizaron hace unos 50 años (Goldman et al. 1963). Pero fue con la aparición de la teoría de la fototermólisis selectiva cuando se estableció el concepto de alcanzar dianas seleccionadas en el tegumento (Anderson y Parrish 1983).
El láser de granate de itrio y aluminio dopado con neodimio (Nd:YAG) fue el primer dispositivo desarrollado para la depilación láser. Fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) en 1996 (Grossman et al. 1996). Los láseres de rubí (694 nm), alejandrita (755 nm), diodo (800-810 nm) y Nd:YAG (1064 nm), así como la LPI (590-1200 nm), son algunas de las tecnologías disponibles en la actualidad para la depilación a largo plazo (Ibrahimi et al. 2011).
Tras el desarrollo de láseres con mayor longitud de onda y duración de pulso, en la actualidad se pueden tratar todos los fototipos de piel de forma segura (Vachiramon et al. 2012).
El folículo piloso
El folículo piloso se divide en tres zonas principales: infundíbulo, istmo y bulbo. La matriz germinal del folículo piloso se localiza en la base del bulbo piloso, a unos 2-7 mm por debajo de la superficie cutánea, y presenta una alta concentración de melanina en comparación con la epidermis. La matriz se sitúa alrededor de la papila dérmica (o papila folicular), que desempeña un papel importante en la determinación del grosor, la longitud y el ciclo del vello (Krause y Foitzik 2006 mar; Campos y Pitassi 2012).
Las células madre o células totipotentes se localizan en la «protuberancia» (bulge), una estructura con gran capacidad de regeneración situada cerca de la inserción de los músculos erectores del pello. Según los estudios más recientes, se considera que la protuberancia es la diana real de la depilación láser.
El ciclo del folículo piloso se puede dividir en tres fases diferenciadas: anágena, en la que se produce el crecimiento activo; catágena, una fase de regresión; y telógena, en la que el folículo interrumpe su crecimiento (Philpott et al. 1990).
Durante la fase anágena, la mayoría de las células de la matriz se replican y aumenta la cantidad de pigmento presente en el bulbo. La duración de la fase anágena depende de la actividad de estas células.
La proporción de folículos pilosos en cada fase varía según las distintas zonas corporales. Las regiones axilar e inguinal presentan más folículos en fase anágena que las extremidades (Kolinco 2000). La fase telógena puede durar unas semanas en el rostro y unos meses en las extremidades. La duración completa del ciclo del vello corporal es de aproximadamente 4 a 10 meses. Existen diferencias en el crecimiento del vello entre hombres y mujeres debido a variaciones hormonales (Casey y Goldberg 2008).
Existen tres tipos principales de vello: lanugo (muy fino, presente en el periodo neonatal); vello velloso (ligeramente pigmentado, de aproximadamente 30 μm de diámetro); y vello terminal (150-300 μm de diámetro). El tipo de vello producido por cada folículo puede modificarse ante distintos estímulos (Rosenfield 2005; Ibrahimi et al. 2011).
Mecanismo de destrucción del folículo piloso
La luz puede destruir los folículos pilosos mediante tres mecanismos distintos: térmico (calentamiento local), mecánico (ondas de choque o cavitaciones intensas) y fotoquímico (generación de mediadores tóxicos) (Dierickx 2000). Los láseres y la LPI promueven la destrucción fototérmica del tejido, basada en el principio de fototermólisis selectiva, a excepción de los dispositivos de Nd:YAG equipados con el mecanismo de conmutación Q, que promueven la destrucción fotomecánica.
Descrito por Anderson y Parrish en 1983, el principio de fototermólisis selectiva postula que se producirá un daño térmico selectivo de las estructuras pigmentadas siempre que la longitud de onda de la luz sea absorbida selectivamente por una diana con energía suficiente y durante una duración inferior o igual a su tiempo de relajación térmica (TRT, por sus siglas en inglés) (Anderson y Parrish 1983; Dierickx y Grossman 2006).
Cuando la luz se aplica sobre la piel, una parte se refleja, otra se dispersa y solo una porción se absorbe. Solo la cantidad absorbida se convierte en calor, provocando efectos térmicos en la zona tratada.
La longitud de onda de la luz es el factor que más influye en su absorción. Cada estructura del cuerpo humano tiene afinidad por determinadas longitudes de onda. Esto permite la absorción selectiva de la energía lumínica y el tratamiento de dianas específicas sin dañar las estructuras adyacentes. Las dianas capaces de absorber longitudes de onda específicas se denominan cromóforos (Boechat 2002).
Se plantea la hipótesis de que, para obtener una depilación permanente, la diana de destrucción son las células madre del folículo, localizadas en la zona de la «protuberancia». Sin embargo, el cromóforo real de los folículos pilosos es la melanina de la matriz, su zona más pigmentada.
Debido a la distancia entre el cromóforo y la zona diana real, se ha propuesto la teoría de la fototermólisis extendida, que postula que el calor generado en el cromóforo se difunde a la diana durante el pulso láser (Altshuler et al. 2001).
El espectro electromagnético absorbido por la melanina oscila entre 350 y 1200 nm. Por tanto, los láseres de rubí, alejandrita, diodo y Nd:YAG, así como los dispositivos de LPI que funcionan en este rango, son capaces de producir epilación (Casey y Goldberg 2008; Ibrahimi et al. 2011; Campos y Pitassi 2012).
Se sabe que, dentro del rango del espectro electromagnético con mayor afinidad por la melanina, esta afinidad disminuye a medida que las longitudes de onda son mayores. Así, los láseres con longitudes de onda más largas tienen un mayor poder de penetración en el tejido y una baja afinidad por la melanina, con un riesgo reducido de daño en la superficie cutánea, pudiendo alcanzar cromóforos dérmicos como el bulbo del folículo piloso (Boechat 2002; Gan y Graber 2013).
El vello presenta melanocitos en mayor número y tamaño, con más melanosomas, en comparación con los melanocitos epidérmicos. Por tanto, las longitudes de onda cercanas a 700 nm son absorbidas entre dos y seis veces más por la melanina del vello que por la melanina epidérmica, lo que permite el uso de la epilación láser incluso cuando existe poco contraste entre el color de la piel y el del vello del paciente (Macedo 2012).
El daño térmico es más selectivo cuando la duración del pulso se acerca al tiempo de relajación térmica (TRT) de la diana. El TRT corresponde al tiempo necesario para que el tejido se enfríe hasta la mitad de la temperatura alcanzada tras un pulso láser.
Si la duración del pulso es mayor que el TRT, el calor puede disiparse más allá de la diana antes de que se produzca el daño térmico necesario. Si es más corta, puede provocar un daño excesivo. Por tanto, la duración del pulso debe ser ligeramente inferior al TRT, para que el calor del cromóforo no se disipe y el daño térmico permanezca restringido a la diana (Stratigos y Dover 2000; Gan y Graber 2013).
El TRT está directamente relacionado con las dimensiones de la diana. Los láseres de pulso largo (medidos en milisegundos) se acercan más al TRT del folículo piloso (10-100 ms) (Anderson y Parrish 1983; van Gemert y Welch 1989; Ross et al. 1999).
Existen dos principios básicos que deben observarse al aplicar el concepto de fototermólisis selectiva. El primero es emplear una longitud de onda óptima que sea absorbida selectivamente por el tejido diana. El segundo es que el pulso debe ser lo suficientemente largo para producir un efecto sobre el cromóforo, pero lo suficientemente rápido para causar un efecto mínimo en los tejidos adyacentes.
Sin embargo, toda tecnología dirigida a estructuras dérmicas incide primero en la epidermis, que presenta una «barrera» de melanina en su capa basal. Por tanto, siempre se produce una atenuación de la energía empleada, con menor penetración tisular y cierto riesgo de afectar a la piel circundante. Cuanto mayor es el fototipo del paciente, mayor es el riesgo, por lo que los pacientes ideales para la epilación con láser y LPI son aquellos de fototipos claros, con vello grueso y pigmentado (Boechat 2002).
Es importante tener en cuenta que la LPI, que emplea longitudes de onda más cortas y presenta mayor afinidad por la melanina, necesita un mayor contraste entre el color de la piel y el del vello, por lo que es menos adecuada para fototipos más oscuros.
Para resolver el problema de la presencia de melanina en la epidermis, los dispositivos más modernos emplean alta energía con sistemas de protección por enfriamiento. Así, la eficacia del tratamiento se mantiene alta, con bajo riesgo y menos dolor para los pacientes, permitiendo además tratar a pacientes de fototipos más oscuros (Dierickx 2000; Zenzie et al. 2000; Mandt et al. 2005).
Parámetros
La cantidad de energía entregada al tejido es el factor que determina el aumento de su temperatura.
La energía es la cantidad de potencia emitida por los láseres en un intervalo de tiempo determinado, medida en julios (J). La potencia del dispositivo se mide en vatios (W).
Otro parámetro necesario para determinar la cantidad de energía entregada a la diana es el tamaño del punto, medido en milímetros (Nouri et al. 2004).
La fluencia es la densidad de energía obtenida en cada disparo, y se mide en J/cm2.
La duración del pulso es el tiempo, en segundos, durante el cual el tejido está expuesto a la luz (Boechat 2002).
Así, la fluencia y la duración del pulso son parámetros importantes para determinar la cantidad de calor absorbida. La fluencia determina la temperatura pico alcanzada en las estructuras diana, y la duración del pulso determina el tiempo durante el cual la estructura está expuesta a una temperatura determinada (Gan y Graber 2013).
La selección adecuada de la longitud de onda, la duración del pulso y la fluencia es crucial para el éxito y la seguridad del procedimiento (Dawber 2005). Para tratar vello fino y claro se debe emplear una fluencia mayor. Para tratar una alta concentración de vello grueso o fototipos más oscuros se requiere una fluencia menor (Macedo 2012). Un buen método para determinar la fluencia adecuada es observar la respuesta clínica inmediata, que se manifiesta como eritema y edema perifolicular en la zona tratada. Una fluencia mayor se asocia a una mayor eficacia de la depilación; sin embargo, puede aumentar los efectos adversos (Ibrahimi et al. 2011).
El diámetro del vello puede influir en el TRT de la estructura y, por tanto, en la selección de la duración del pulso (Dierickx 2000). Para el vello fino se emplean pulsos más cortos, de alrededor de 7 a 10 ms, mientras que para el vello grueso son preferibles pulsos de unos 30 a 40 ms (Macedo 2012).
La profundidad de la matriz influye en la elección de la longitud de onda, el tamaño del punto y la energía, mientras que el color del vello también es determinante para elegir los parámetros adecuados (Randall et al. 2006, tabla 1).
| Parámetro | Definición |
|---|---|
| Potencia (W o J/s) | Cantidad de energía entregada por unidad de tiempo |
| «Tamaño del punto» (mm) | Área de la punta |
| Duración del pulso (s) | Tiempo durante el cual el tejido está expuesto a la luz |
| Fluencia (J/cm2) | Energía emitida a través del área de la punta |
Características de los láseres y la LPI
La luz emitida por el láser tiene características que la diferencian de otras fuentes de luz. Es monocromática, ya que emite fotones con la misma longitud de onda, y coherente, pues todos los fotones se dirigen en la misma dirección. Además está colimada: los fotones se mueven en paralelo entre sí con una divergencia angular mínima (Boechat 2002). Los láseres de diodo y alejandrita se consideran, en general, los más eficaces para la depilación, seguidos por los dispositivos de LPI y Nd:YAG (Campos y Pitassi 2012). Estudios recientes indican que el láser de diodo es más eficaz que la LPI (Ormiga et al. 2014).
El láser de diodo (800 nm) se puede utilizar de forma segura en los fototipos de piel I a V (Campos et al. 2000). La duración del pulso de este dispositivo varía entre 5 y 400 ms y sus fluencias, en general, entre 10 y 60 J (Dierickx y Grossman 2006).
Los dispositivos más recientes tienen puntas más grandes, de unos 22 × 35 mm, y un sistema de vacío que succiona la piel antes de la emisión de luz. El objetivo es reducir las molestias y optimizar el tratamiento de zonas amplias. También existen dispositivos con puntas de 10 × 50 mm con los que el tratamiento se puede realizar de forma continua y escaneada.
Otra tecnología reciente es la combinación de energía de radiofrecuencia con la energía óptica del láser, para alcanzar mayores temperaturas en la diana incluso con el uso de fluencias menores, aportando seguridad y eficacia al tratamiento.
El láser de alejandrita (755 nm) tiene duraciones de pulso más cortas que el láser de diodo, por lo que presenta mejores resultados en el vello fino. Sin embargo, la mayoría de los estudios muestran resultados similares en la depilación producida por ambas tecnologías cuando se emplean en fototipos de piel I a IV. Esta tecnología se debe utilizar preferiblemente en pacientes de fototipos claros, debido a la mayor posibilidad de complicaciones en fototipos más oscuros.
El láser de Nd:YAG (1064 nm) tiene menor afinidad por la melanina. Por este motivo, se considera la tecnología más segura para pacientes de fototipos de piel V y VI (Gan y Graber 2013), y también presenta buenos resultados.
La LPI tiene características distintas porque se genera de forma diferente. Estos dispositivos emplean una lámpara de destello controlada por un ordenador. La luz es policromática, ya que emite varias longitudes de onda. Los filtros situados frente a las lámparas permiten seleccionar la longitud de onda. Otra característica de la LPI es que es incoherente: se emite en varias direcciones y se enfoca mediante superficies reflectantes (Boechat 2002; Gan y Graber 2013).
Los dispositivos de LPI funcionan en un rango de longitudes de onda de 650 a 1200 nm; emiten longitudes de onda más cortas que no penetran tan profundamente en la piel y son más seguros de utilizar en pacientes de fototipos claros, debido al mayor riesgo de afectar a la melanina epidérmica (Ismail 2012). La duración del pulso de la LPI se expresa en milisegundos. Debido a su amplio espectro y a que emite longitudes de onda más cortas, la LPI se puede utilizar en vello fino y claro, aunque con resultados no tan favorables como los observados en el vello oscuro (Campos y Pitassi 2012).
Selección y preparación del paciente
La selección del paciente debe incluir una exploración clínica exhaustiva, una evaluación hormonal y una investigación sobre la medicación que consume.
Se debe evaluar cuidadosamente el fototipo del paciente, así como la presencia de bronceado, ya que la melanina epidérmica aumenta los riesgos y reduce la eficacia del procedimiento (Gan y Graber 2013). La evaluación del color del vello también es importante, ya que el vello claro apenas responde al tratamiento. Por tanto, el paciente ideal para la depilación con láser o LPI es aquel de fototipo de piel claro y vello oscuro (Dierickx y Grossman 2006).
Alrededor del 80 % de las mujeres con síndrome de ovario poliquístico desarrollan hirsutismo, que puede responder bien al tratamiento con luz si se administra correctamente (McGill et al. 2007).
Se debe investigar la presencia de infecciones por virus del herpes, y se requiere quimioprofilaxis en pacientes con episodios recurrentes. También se debe investigar la propensión a desarrollar cicatrices hipertróficas o queloides.
Aunque no existen evidencias de riesgo, no se debe tratar a pacientes durante el embarazo. No existe consenso sobre el tratamiento durante la lactancia.
Se debe investigar la presencia de trastornos autoinmunitarios, debido a la predisposición a la fotosensibilidad. Las enfermedades que pueden desencadenar el fenómeno de Koebner, como el vitíligo o la psoriasis, también son contraindicaciones del procedimiento.
No se debe tratar a pacientes que consuman medicamentos con oro o fármacos fotosensibilizantes, debido al riesgo de hiperpigmentación (Ibrahimi et al. 2011; Gan y Graber 2013).
No existe consenso sobre el uso de isotretinoína oral y la epilación; aunque algunos estudios sugieren que es seguro, existe riesgo de fototoxicidad, fragilidad cutánea, cicatrización y retraso en la reepitelización. Se propone un intervalo de 6 meses a un año después de suspender el medicamento para iniciar el tratamiento (Khatri 2004; Cassano et al. 2005; Khatri y García 2006). Los retinoides tópicos se pueden suspender uno o dos días antes de las sesiones.
Fármacos como la ciclosporina, la cortisona, la fenitoína y la penicilamina, así como desequilibrios hormonales como el síndrome de ovario poliquístico o la menopausia, pueden estimular el crecimiento de vello nuevo, por lo que los pacientes pueden necesitar un régimen de tratamiento de mantenimiento tras finalizar las sesiones de tratamiento convencionales (Fields y Pitassi 2012).
Los pacientes deben evitar la exposición solar para garantizar la seguridad del procedimiento.
Se debe evitar cualquier método de depilación por tracción durante las cuatro semanas previas al tratamiento, para garantizar que el cromóforo de los folículos esté presente. El vello se debe afeitar o eliminar con cremas depilatorias, para que los tallos pilosos no se conviertan en dianas en la superficie cutánea y aumente el riesgo de quemaduras.
Realización del tratamiento
La elección de los parámetros ya se ha explicado anteriormente. Sin embargo, es importante abordar otras cuestiones que se deben tener en cuenta durante el tratamiento.
El vello más pigmentado y grueso es más susceptible a los tratamientos. Así, se deben considerar las fases del ciclo piloso al determinar la frecuencia de las sesiones de tratamiento, ya que el objetivo es someter al folículo a una agresión térmica en su fase anágena, cuando está más pigmentado. Además, es importante que el vello no se elimine completamente del folículo mediante métodos de tracción, como la depilación con cera, para conservar suficiente melanina para la acción de la fuente de luz.
En la actualidad no existe consenso sobre el número de sesiones de tratamiento ni el intervalo entre ellas. Lo que se sabe es que el ciclo varía según la localización anatómica y el sexo de los pacientes. Asimismo, el tiempo necesario para que reaparezca el vello tras las sesiones de tratamiento también varía, con una media de 8 semanas. Por tanto, el intervalo ideal entre sesiones no está claro, y los principales autores lo estiman entre 4 y 8 semanas.
El número ideal de sesiones de tratamiento tampoco está bien establecido. Su determinación debe tener en cuenta las características individuales del crecimiento del vello, la zona corporal y el tipo de fuente de luz que se vaya a utilizar. La mayoría de los autores coinciden en que los tratamientos repetidos aumentan la eficacia del método, por lo que recomiendan de tres a ocho sesiones para lograr resultados satisfactorios (Casey y Goldberg 2008). Se estima que se produce una reducción media del 20 al 30 % en cada tratamiento y que, en pacientes de fototipos claros y vello oscuro, la probabilidad de epilación a largo plazo es del 80 al 89 %, según el aparato utilizado (Dierickx y Grossman 2006).
El uso de protección ocular adecuada es fundamental para la seguridad del tratamiento. Cada longitud de onda requiere distintos tipos de lentes, por lo que diferentes máquinas exigen el uso de gafas distintas. Deben utilizar protección los pacientes, los aplicadores y el resto de personas que se encuentren en la sala. No se recomienda el tratamiento de la zona periocular.
Al inicio del procedimiento se debe realizar una prueba con unos pocos disparos en una zona pequeña. Se deben evitar las lesiones pigmentadas y los tatuajes durante el tratamiento.
Tras la sesión se pueden utilizar compresas de hielo para reducir la aparición de dolor y edema. Si hay signos de inflamación excesiva con riesgo de quemaduras, se pueden utilizar corticosteroides tópicos de alta potencia para minimizar los posibles efectos secundarios (Gan y Graber 2013). El eritema y el edema perifolicular son reacciones esperadas, especialmente con el uso del láser. Esta reacción será menos intensa con el uso de LPI, que funciona con duraciones de pulso más largas (Fields y Pitassi 2012).
Es extremadamente importante evitar la exposición solar durante las seis semanas previas y posteriores a cada sesión de tratamiento (imágenes 1, 2, 3 y 4).
Complicaciones
Las complicaciones más frecuentes son la hiperpigmentación o la hipopigmentación, que son temporales en la mayoría de los casos, aunque existen informes de alteraciones permanentes (Ibrahimi et al. 2011). También pueden aparecer eritema, edema, dolor, quemaduras, ampollas y cicatrices (Lim y Lanigan 2006). El fototipo de piel y la exposición solar previa de la zona tratada son factores determinantes en la aparición de estas complicaciones. Las zonas protegidas, como las axilas y la ingle, suelen presentar menos efectos secundarios (Gan y Graber 2013).
La hipertricosis paradójica se produce en el 0,6 al 10 % de los pacientes tratados con LPI o láseres. Se desconoce el mecanismo exacto por el que se produce, y es más frecuente después del tratamiento con LPI y láseres de alejandrita. Los factores asociados a su aparición incluyen el uso de una fluencia insuficiente, fototipos más oscuros, cambios hormonales y el consumo de medicamentos (como finasterida o corticosteroides) o suplementos hormonales. Las mujeres parecen ser las más afectadas, y zonas como el rostro y el cuello son más propensas a esta complicación (Desai et al. 2010).
Puede aparecer urticaria grave y persistente, incluso en pacientes sin antecedentes de urticaria física, posiblemente causada por el uso de criógenos o por sensibilidad a una longitud de onda específica (Bernstein 2010).
Se han descrito complicaciones oculares como cataratas, atrofia y adherencias del iris, iritis, uveítis, fotofobia, alteraciones pupilares y del campo visual, incluso en pacientes que utilizaban gafas adecuadas. Las longitudes de onda de 400 a 1400 nm que inciden directamente en los ojos pueden causar quemaduras en la retina y alteraciones visuales permanentes, por lo que es obligatorio el uso de protección ocular para pacientes y aplicadores (Shulman y Bichler 2009; Gan y Graber 2013).
También se han notificado como efectos secundarios poco frecuentes el empeoramiento del acné, la aparición de lesiones similares a las de la rosácea, la despigmentación temprana de los folículos, el eritema difuso y alteraciones inflamatorias o pigmentarias de nevos preexistentes (Rasheed 2009).
Dispositivos para uso doméstico
Los dispositivos portátiles para uso doméstico se han desarrollado a gran escala y están ganando popularidad debido a su bajo coste y facilidad de uso. Emplean tecnologías láser y de LPI, con fluencias muy bajas en comparación con los dispositivos médicos.
Aunque están aprobados por la FDA, existen pocos estudios controlados que demuestren su eficacia y seguridad (Thaysen-Petersen et al. 2012).
Referencias cruzadas
Biofotónica
Mensajes clave para llevar a la práctica
- La depilación láser se ha consolidado como una de las principales opciones de tratamiento para la reducción del vello a largo plazo. Dispositivos como el láser de diodo, el láser de Nd:YAG y la luz pulsada intensa (LPI) están en constante desarrollo, pero existen pocos estudios comparativos entre estas tecnologías. Estudios recientes indican que el láser de diodo podría ser más eficaz que la LPI.
- La selección adecuada de la longitud de onda, la duración del pulso y la fluencia es crucial para el éxito y la seguridad del procedimiento. Para tratar vello fino y claro se requieren fluencias mayores. Para tratar una alta concentración de vello grueso o fototipos más oscuros se pueden emplear fluencias menores.
- El paciente ideal para la depilación con láser o LPI es aquel de fototipo de piel claro y vello oscuro.
- En la actualidad no existe consenso sobre el número de sesiones de tratamiento ni el intervalo entre ellas.
- La hiperpigmentación o hipopigmentación, las quemaduras, las cicatrices y la hipertricosis paradójica son algunos de los efectos adversos notificados.
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